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viernes, 25 de abril de 2014


25.04.2014

ENTRE CANTUESOS

Llega la primavera, y con ella la floración de la primera especie de lavanda... el cantueso (Lavandula stoechas ssp. pedunculata). Es agradable empezar a percibir el olor un tanto alcanforado de sus flores y ver como las laderas de muchos montes empiezan a teñirse de morado rosáceo.
No voy a ponerme ahora a hacer una disertación botánica sobre esta especie, ya que quizás correría el riesgo de aburriros y lo mismo decidís no volver a leerme jejeje... pero sí os voy a contar unas cuantas curiosidades sobre este género y especie.
EL género Lavanda, le debe su nombre al término latino “lavare” (lavar, purificar), ya que este tipo de plantas fueron muy utilizadas para perfumar baños y lociones.
En el lenguaje de las flores la lavanda significa “desconfianza”.
Este tipo de lavanda no es utilizada para la obtención de aceite esencial con el cual perfumar jabones, cosméticos, etc… (como es el caso más habitual de la Lavandula angustifolia), no obstante eso no quiere decir que no se le haya dado diversos usos.
Por ejemplo, en Marruecos se añade unas hojas de esta especie en el té para perfumarlo. En la antigua Grecia se utilizaba como contaveneno. Y entre otros usos, su esencia sirve como antiséptico a la hora de limpiar heridas y llagas. En infusión se usa en baños y lociones para tratar afecciones cutáneas leves y traumatismos. Se trata de un planta de gran producción de néctar por lo que se encuentra incluida entre la flora apícola. Y de manera ornamental, siempre podemos recoger unos cuantos tallos para confeccionar un bonito ramo con el que adornar una mesa.

En cualquier caso, un paseo por un monte cubierto de cantuesos, siempre será una agradable experiencia para nuestros sentidos, que nos permitirá tocar, observar, oler e impregnarnos de uno de los aromas más característicos de la primavera.

lunes, 7 de abril de 2014


07.04.2014

DESCUBRIENDO EL JARDÍN BOTÁNICO DE MADRID… LA ESTUFA DE LAS PALMAS

No recuerdo con exactitud cuándo fue la primera vez que entré en el invernadero de la Estufa de las Palmas… sé que era pequeña. No sé si iba con mis padres, o fue en una visita escolar. La cuestión es que son de esas imágines que se quedan grabadas de por vida. Si ahora cierro los ojos la puedo ver con exactitud… plantas, muchas plantas, un estanque, nenúfares, peces de colores… desde aquel momento cada vez que necesitaba algo de sosiego evocaba esa imagen una y otra vez. Todavía lo sigo haciendo, pese a que muchas otras imágenes del mismo lugar se han superpuesto en mi retina.

El Jardín Botánico es uno de mis lugares favoritos no ya de Madrid, sino de este planeta. Llevo visitándolo infinidad de años ya… recuerdo perfectamente como siendo adolescente me iba con un libro de rosas, o de plantas aromáticas y me sentaba allí durante las tardes de muchos viernes aprendiendo de manera autodidacta todo lo que podía.

Más tarde mientras realizaba la carrera fue visita obligada de manera continua para poder ver in situ todas aquellas especies botánicas que teníamos que aprender.

Hoy en día, voy por el simple hecho de pasear, fotografiar, relajarme y dejarme llevar por unas horas, leyendo, no obstante, todo los cartelitos con los nombres de las plantas, para evitar de esta manera oxidar mi memoria botánica.

Pero tengo una rutina. Siempre, siempre, siempre el primer lugar al que me dirijo es al antiguo invernadero.  Fue construido en el siglo XIX para dar exhibir y dar cobijo a plantas tropicales incapaces de resistir en el exterior los rigores del clima madrileño.

¿Pasamos a verlo?

Entrar en él, no es solo como un viaje a climas tropicales de frondosa flora, sino incluso como un viaje en el tiempo, hacia épocas remotas donde la tierra estaba cubierta de exuberante vegetación.
Por todas partes donde posamos nuestra vista vemos plantas tropicales, acuáticas, helechos, musgos,... que necesitan de un nivel de humedad constante, y por supuesto del calor del sol.
Un lugar donde poder relajar la vista observando toda la gama de verdes posibles.
Un lugar que sirve de refugio, de evasión, de paréntesis en la ajetreada vida diaria… un lugar que nos reconecta con nosotros mismos.
Un lugar en el que dejarse abandonar al ritmo del tiempo constituye todo un placer
La visita ha finalizado. Y quién sabe… si os animáis a visitarlo tal vez me podáis encontrar allí, sentada junto al estanque, leyendo, escribiendo, mirando los peces de colores, o simplemente dejando volar mi mente entre toda esa vegetación que llena este magnífico espacio.

martes, 25 de marzo de 2014


26.03.2014

LA PRIMAVERA BESABA
 

 
 La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.
Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil…
Yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril.
Bajo ese almendro florido
todo cargado de flor
-recordé-, yo he maldecido
mi juventud sin amor.
Hoy, en mitad de la vida,
me he parado a meditar…
¡Juventud nunca vivida,
quién te volviera a soñar!
 
Antonio Machado

lunes, 3 de marzo de 2014


03.03.2014

¡VAMOS A HACER UNA CORONA FLORAL!
 

Quién me conozca mínimamente sabrá que soy una enamorada de las flores, y ahora que estamos disfrutando de las nuevas floraciones, y la primavera se va oliendo en el ambiente, quería dedicar esta entrada a la realización de una sencilla corona de flores compuesta por ramas de olivo y de mimosa en flor.
El material que vamos a necesitar es muy sencillo:
- Alambre de florista.
- Alambre de florista verde.
- Cinta verde de florista.
- Tijeras de podar.
- 2 o 3 ramas de olivo.
- 2 o 3 ramas de mimosa.
Las ramas de olivo y mimosa las podemos cortar de algún árbol que tengamos cerca de casa, aunque sin esquilmarlo ¡por favor!. O si no tenemos estos árboles cerca de casa, siempre podemos ir a un vivero y comprar unas ramitas, que en esta temporada las suelen tener para confeccionar ramos de todo tipo.


Lo primero de todo es cortar alambre de florista en longitud suficiente para rodearnos la cabeza tres veces.
Una vez que hemos cortado esta longitud, formamos un círculo de alambre, de modo que demos tres vueltas, para que la corona tenga cierta consistencia. A continuación tomamos la cinta verde de florista y forramos el alambre.

Yo le suelo dar varias vueltas, para que engrose un poco y dotarlo así de mayor robustez. Y el resultado sería más o menos así.

Ahora ya nos toca ir colocando las ramas y las flores poco a poco. Yo particularmente lo hice de la siguiente manera: Fui formando ramilletes de rama de olivo, hoja de mimosa y flor de mimosa
 

Además, como soy muy torpe y para evitar que al ir colocando las ramitas se me fueran cayendo o descolocando, lo que hice fue amarrar cada ramillete por su base con cinta verde de florista, como os muestro en la siguiente fotografía.
De esta manera ya puedo pasar al siguiente paso, sin miedo a perder por el camino cualquier ramita.
Lo que hago a continuación es ir fijando cada ramillete a la corona mediante el alambre verde de florista (estos alambres, los venden en bolsitas, ya cortados).
Así que la secuencia es sencilla… ramillete-alambre, ramillete-alambre, ramillete-alambre.

Una vez que ya hemos cubierto toda la circunferencia de la corona, solo nos queda ver si en algún lado se nos ha quedado más vacío, en cuyo caso lo podremos rellenar con más ramilletes o simplemente con las ramitas que nos vayan quedando sueltas.
Una vez rellena por completa la corona, yo personalmente lo que hago es tapar con cinta verde de florista, aquellas vueltas de alambre que queden más visibles, o por supuesto aquellas que coincidan con los comienzos o terminaciones del alambre para evitar pincharnos con la punta.
 
¡Y ya está!, así de fácil y sencillo nos podemos hacer una silvestre corona floral… que podemos utilizar para una fiesta, una ceremonia, para un disfraz o simplemente para sentirnos más “naturalis”.
¡Espero que os haya gustado!


 

viernes, 21 de febrero de 2014


21.02.2014

LA CORTONA

 
La Cortona… un sueño, un anhelo, una ilusión.  Hablo de ese trocito de tierra de  algo más de un  área de superficie  que preside nuestro proyecto futuro, un proyecto de vida.
 
Hoy vengo a hablaros un poquito de ella, a contaros cómo es, donde está, que me trasmite…

Los que me conocéis, sabéis que llevábamos tiempo mirando parcelas para comprarnos algo en Asturias… era una ilusión, un sueño en tiempos de crisis, un gasto que no sabíamos hasta que punto podríamos abordar o no.

Pero este año pasado, me planté y dije que  pese a todo era ahora o nunca… y con esa profunda convicción nos fuimos a pasar parte de las vacaciones de verano a Asturias, con el firme propósito de venir con unas escrituras bajo el brazo (pues buena soy yo cuando se me mete una idea en la cabeza… cerebro blindado me llaman).

Lo que nos ocurrió al ver esta parcela fue un flechazo , amor a primera vista… un lugar en el que desde el primer momento dejamos volar la imaginación soñando con un futuro en plena naturaleza.
 
 
Os cuento donde está situada… para mí en un lugar inmejorable. Se encuentra en el concejo de Cangas de Onís, en el término de Triongo, a tan solo 10 kilómetros de Ribadesella y  ¡la playa!, a 2 kilómetros de Arriondas  (donde se celebra el famosísimo  Descenso del Sella), y a unos 20 kilómetros de los propios Picos de Europa… vamos, que miro para un lado y veo nieve y miro para el otro y veo mar.


Por eso amamos Asturias, por ser tierra de fuertes contrastes y gran carácter… como siempre digo “es tan fácil ser feliz allí…”.
Es ese lugar en el mundo donde sentimos que encajamos perfectamente como piezas de puzzle.

 
Según me han contado unos vecinos casi octagenarios pero muy bien conservados, la finca se llama La Cortona, porque antiguamente había una cortona, o corte… es decir una fragua, que habría estado situada en lado inferior derecho de la siguiente fotografía, justo donde se ve el grupo de árboles.
 
 
Tengo que profundizar en su flora, pero por el momento tengo la seguridad de que en otoño recolectaremos moras, castañas y nueces. Que en caso de tener heridas las podremos hacer sanar con ombligos de venus, y que para cocinar solo tendremos que andar unos pasos para coger laurel y perejil.


 
Pero en toda esa superficie, hay un lugar en ella que para mí es muy especial… no se muy bien explicarlo, habría que hablar de sensaciones. Es la zona de las ruinas. Es un lugar totalmente colonizado por la vegetación, donde se respira una paz muy especial y donde me podría pasar horas enteras bajo la sombra de los castaños que presiden este lugar y simplemente mirando al horizonte permitiendo a mis ojos que se llenen de verde.
 

Ahora solo nos  queda  armarnos de paciencia, jugar a la lotería o proponer un crowdfunding para financiar la construcción de una casita ... ¿alguien me da ideas?
 


 
 
 

jueves, 6 de febrero de 2014


06.02.2014

 DESCUBRIMIENTOS Y AMISTAD

Una de las cosas que más me gusta hacer, es poder pasear con mi hijo y sus amigos por un bosque. Observar sus caras de asombro cuando la Naturaleza se muestra ante ellos, haciéndoles partícipes de su grandeza e involucrándoles en la misma.

Es en esos momentos cuando, el descubrimiento de  un nido, de unas huellas de animales, escuchar el sonido de los pájaros, trepar por una roca, conseguir un palo que se transforma en espada o conocer una planta nueva, se convierte en todo un acontecimiento, y ellos se sienten como auténticos exploradores, ansiosos por descubrir cada vez más y más cosas, con la mirada iluminada de auténtica curiosidad y abiertos a lo que la Naturaleza les puede enseñar.

Y es en esos momentos cuando su amistad se refuerza al compartir tales hallazgos, cuando se muestran más libres y más niños que nunca. Cuando en definitiva conectan con su esencia… aquella que no deberán perder nunca.
 






“No hay siete maravillas del mundo a los ojos de un niño. Hay siete millones de maravillas"
Walt Streightiff


 

 

 

 

 



lunes, 27 de enero de 2014


27.01.2014

JACULATORIA A LA NIEVE

¡Qué maravillosa es la Naturaleza!

Pues, ¿no da luz la nieve? Inmaculada

y misteriosa, trémula y callada,

paréceme que mudante reza

al caer… ¡Oh Nevada!
 
 
Tu ingrávida y glacial eucaristía

hoy del pecado de vivir me absuelva
 
y haga que, como tú, mi alma se vuelva
 
fúlgida, blanca, silenciosa y fría.

Amado Nervo