martes, 23 de junio de 2015


24.06.2015

 
SALON DES FLEURS




Si alguna vez me hubieran preguntado cuál sería el tipo de negocio ideal para mi, contestaría sin dudarlo que una floristería con salón de té.
 

De sobra es conocida por aquí mi pasión por las flores, y no tan conocida mi auténtica devoción por el té, del cual soy consumidora compulsiva (odio el café puaggg…). 
Así que una floristería con salón de té, sí que hubiera sido mi negocio soñado.  Por ello, en  cuanto supe de la existencia de Salon des Fleurs, no pude más que sorprenderme y alegrarme porque alguien hubiera dado forma a un anhelo.
 

Tras haberlo visitado en un par de ocasiones, en compañía de amigas, decidí que ese sitio tan tan pero que tan bonito no podía por menos que ser  fotografiado. Así que allí me presenté un mediodía, con la idea de tomar un trocito de tarta con té y hacer un buen montón de fotos.
 

El sitio en cuestión tiene un encanto innegable, entrar te transporta inmediatamente a una atmósfera totalmente hogareña y vintage. Sillones, sofás, mesitas de té, inmensos ventanales, escalera de caracol de hierro forjado, flores… pareciera estar sentada en un invernadero victoriano convertido en salón (un conservatory que dicen mis amigos los ingleses).  Así que en ese magnífico entorno me preparo para disfrutar de un riquísimo trozo de tarta de violetas (¡sí, sí de violetas!) acompañado de un té negro hecho a base de una mezcla de la casa, llamada también “Salon des Fleurs”.
 

La tranquilidad de la hora me permite charlar un ratito con Pablo, encargado del salón. Me habla y me cuenta sobre la esencia del negocio, sobre el valor de ir poco a poco, de ponerle cariño y buena voluntad a todo,  de tener en cuenta al cliente por encima de todo, considerando todas aquellas sugerencias  que se les haga para mejorar el negocio, y demostrando un trato cercano y absolutamente amable.
 

Ni qué decir tiene, que salí de allí sumamente contenta, no solo por haber podido pasar un agradable rato fotografiando, y tomando  té con tarta, sino también por esa cercanía que me demostró Pablo, y que me hace recordar la importancia de las relaciones humanas de tú a tú, en esta era 2.0.