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martes, 25 de marzo de 2014


26.03.2014

LA PRIMAVERA BESABA
 

 
 La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.
Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil…
Yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril.
Bajo ese almendro florido
todo cargado de flor
-recordé-, yo he maldecido
mi juventud sin amor.
Hoy, en mitad de la vida,
me he parado a meditar…
¡Juventud nunca vivida,
quién te volviera a soñar!
 
Antonio Machado

lunes, 3 de marzo de 2014


03.03.2014

¡VAMOS A HACER UNA CORONA FLORAL!
 

Quién me conozca mínimamente sabrá que soy una enamorada de las flores, y ahora que estamos disfrutando de las nuevas floraciones, y la primavera se va oliendo en el ambiente, quería dedicar esta entrada a la realización de una sencilla corona de flores compuesta por ramas de olivo y de mimosa en flor.
El material que vamos a necesitar es muy sencillo:
- Alambre de florista.
- Alambre de florista verde.
- Cinta verde de florista.
- Tijeras de podar.
- 2 o 3 ramas de olivo.
- 2 o 3 ramas de mimosa.
Las ramas de olivo y mimosa las podemos cortar de algún árbol que tengamos cerca de casa, aunque sin esquilmarlo ¡por favor!. O si no tenemos estos árboles cerca de casa, siempre podemos ir a un vivero y comprar unas ramitas, que en esta temporada las suelen tener para confeccionar ramos de todo tipo.


Lo primero de todo es cortar alambre de florista en longitud suficiente para rodearnos la cabeza tres veces.
Una vez que hemos cortado esta longitud, formamos un círculo de alambre, de modo que demos tres vueltas, para que la corona tenga cierta consistencia. A continuación tomamos la cinta verde de florista y forramos el alambre.

Yo le suelo dar varias vueltas, para que engrose un poco y dotarlo así de mayor robustez. Y el resultado sería más o menos así.

Ahora ya nos toca ir colocando las ramas y las flores poco a poco. Yo particularmente lo hice de la siguiente manera: Fui formando ramilletes de rama de olivo, hoja de mimosa y flor de mimosa
 

Además, como soy muy torpe y para evitar que al ir colocando las ramitas se me fueran cayendo o descolocando, lo que hice fue amarrar cada ramillete por su base con cinta verde de florista, como os muestro en la siguiente fotografía.
De esta manera ya puedo pasar al siguiente paso, sin miedo a perder por el camino cualquier ramita.
Lo que hago a continuación es ir fijando cada ramillete a la corona mediante el alambre verde de florista (estos alambres, los venden en bolsitas, ya cortados).
Así que la secuencia es sencilla… ramillete-alambre, ramillete-alambre, ramillete-alambre.

Una vez que ya hemos cubierto toda la circunferencia de la corona, solo nos queda ver si en algún lado se nos ha quedado más vacío, en cuyo caso lo podremos rellenar con más ramilletes o simplemente con las ramitas que nos vayan quedando sueltas.
Una vez rellena por completa la corona, yo personalmente lo que hago es tapar con cinta verde de florista, aquellas vueltas de alambre que queden más visibles, o por supuesto aquellas que coincidan con los comienzos o terminaciones del alambre para evitar pincharnos con la punta.
 
¡Y ya está!, así de fácil y sencillo nos podemos hacer una silvestre corona floral… que podemos utilizar para una fiesta, una ceremonia, para un disfraz o simplemente para sentirnos más “naturalis”.
¡Espero que os haya gustado!


 

viernes, 21 de febrero de 2014


21.02.2014

LA CORTONA

 
La Cortona… un sueño, un anhelo, una ilusión.  Hablo de ese trocito de tierra de  algo más de un  área de superficie  que preside nuestro proyecto futuro, un proyecto de vida.
 
Hoy vengo a hablaros un poquito de ella, a contaros cómo es, donde está, que me trasmite…

Los que me conocéis, sabéis que llevábamos tiempo mirando parcelas para comprarnos algo en Asturias… era una ilusión, un sueño en tiempos de crisis, un gasto que no sabíamos hasta que punto podríamos abordar o no.

Pero este año pasado, me planté y dije que  pese a todo era ahora o nunca… y con esa profunda convicción nos fuimos a pasar parte de las vacaciones de verano a Asturias, con el firme propósito de venir con unas escrituras bajo el brazo (pues buena soy yo cuando se me mete una idea en la cabeza… cerebro blindado me llaman).

Lo que nos ocurrió al ver esta parcela fue un flechazo , amor a primera vista… un lugar en el que desde el primer momento dejamos volar la imaginación soñando con un futuro en plena naturaleza.
 
 
Os cuento donde está situada… para mí en un lugar inmejorable. Se encuentra en el concejo de Cangas de Onís, en el término de Triongo, a tan solo 10 kilómetros de Ribadesella y  ¡la playa!, a 2 kilómetros de Arriondas  (donde se celebra el famosísimo  Descenso del Sella), y a unos 20 kilómetros de los propios Picos de Europa… vamos, que miro para un lado y veo nieve y miro para el otro y veo mar.


Por eso amamos Asturias, por ser tierra de fuertes contrastes y gran carácter… como siempre digo “es tan fácil ser feliz allí…”.
Es ese lugar en el mundo donde sentimos que encajamos perfectamente como piezas de puzzle.

 
Según me han contado unos vecinos casi octagenarios pero muy bien conservados, la finca se llama La Cortona, porque antiguamente había una cortona, o corte… es decir una fragua, que habría estado situada en lado inferior derecho de la siguiente fotografía, justo donde se ve el grupo de árboles.
 
 
Tengo que profundizar en su flora, pero por el momento tengo la seguridad de que en otoño recolectaremos moras, castañas y nueces. Que en caso de tener heridas las podremos hacer sanar con ombligos de venus, y que para cocinar solo tendremos que andar unos pasos para coger laurel y perejil.


 
Pero en toda esa superficie, hay un lugar en ella que para mí es muy especial… no se muy bien explicarlo, habría que hablar de sensaciones. Es la zona de las ruinas. Es un lugar totalmente colonizado por la vegetación, donde se respira una paz muy especial y donde me podría pasar horas enteras bajo la sombra de los castaños que presiden este lugar y simplemente mirando al horizonte permitiendo a mis ojos que se llenen de verde.
 

Ahora solo nos  queda  armarnos de paciencia, jugar a la lotería o proponer un crowdfunding para financiar la construcción de una casita ... ¿alguien me da ideas?
 


 
 
 

jueves, 6 de febrero de 2014


06.02.2014

 DESCUBRIMIENTOS Y AMISTAD

Una de las cosas que más me gusta hacer, es poder pasear con mi hijo y sus amigos por un bosque. Observar sus caras de asombro cuando la Naturaleza se muestra ante ellos, haciéndoles partícipes de su grandeza e involucrándoles en la misma.

Es en esos momentos cuando, el descubrimiento de  un nido, de unas huellas de animales, escuchar el sonido de los pájaros, trepar por una roca, conseguir un palo que se transforma en espada o conocer una planta nueva, se convierte en todo un acontecimiento, y ellos se sienten como auténticos exploradores, ansiosos por descubrir cada vez más y más cosas, con la mirada iluminada de auténtica curiosidad y abiertos a lo que la Naturaleza les puede enseñar.

Y es en esos momentos cuando su amistad se refuerza al compartir tales hallazgos, cuando se muestran más libres y más niños que nunca. Cuando en definitiva conectan con su esencia… aquella que no deberán perder nunca.
 






“No hay siete maravillas del mundo a los ojos de un niño. Hay siete millones de maravillas"
Walt Streightiff


 

 

 

 

 



lunes, 27 de enero de 2014


27.01.2014

JACULATORIA A LA NIEVE

¡Qué maravillosa es la Naturaleza!

Pues, ¿no da luz la nieve? Inmaculada

y misteriosa, trémula y callada,

paréceme que mudante reza

al caer… ¡Oh Nevada!
 
 
Tu ingrávida y glacial eucaristía

hoy del pecado de vivir me absuelva
 
y haga que, como tú, mi alma se vuelva
 
fúlgida, blanca, silenciosa y fría.

Amado Nervo



 
 

 

sábado, 18 de enero de 2014


18.01.2014

UNA DEUDA CON LA NATURALEZA

Lo cierto es que no tenía previsto dedicar ningún post a rememorar historias pasadas, pero esto es lo que pasa cuando rescatamos fotos antiguas… que entra la nostalgia y se aviva la conciencia.

Cuentan que hace once años un petrolero llamado Prestige se hundió frente a la costa de Galicia… cuentan que una masa negra, llamada chapapote, tiñó las playas de negro, matando a todo tipo de flora y fauna marina… cuentan que una marea humana sin precedentes acudió hasta allí a prestar su ayuda desinteresada para ayudar en la limpieza de las playas… cuentan… cuento yo, que tan pronto me enteré que se estaban fletando autobuses con voluntarios, me alisté como si del ejército se tratara… había tanta gente para ir que hasta me pusieron en lista de espera.

A Los voluntarios de la Comunidad de Madrid nos habían asignado la zona de las Dunas de Corrubedo, y allí se había instalado toda la infraestructura necesaria para poder alojarnos.

Pero tres días antes de partir, me comunican que la Comunidad de Madrid ha decidido suspender los viajes y que la Xunta informa que las playas estaban ya limpias ¿¡limpias!?.... ¡si sólo había pasado algo más de un mes desde que el barco había empezado a verter el combustible!... no lo podía creer, y tampoco iba a desistir en mi empeño de aportar mi granito de arena… no en vano, me sentía en deuda con la naturaleza (todavía escucho la risa de más de uno, cuando comenté que este era el motivo de por qué me iba a Galicia… en fin, sin comentarios).

Deprisa y corriendo me puse en contacto con la Xunta para que me asignaran destino, y  éstos, me mandaron literalmente al fin del mundo… me marchaba a Fisterra.

Llegué a Fisterra una tarde de Enero tras cerca de casi diez horas de autobús. Mi parada, el polideportivo municipal. La comitiva de recepción, una mezcla de personas del pueblo, alguien de la Xunta y el mismísimo Ejército. Me indican que debo agenciarme un colchón y que ellos me darán las mantas.  Lo que veo es toda la cancha del polideportivo ocupado por colchones en su mayor parte… al final de la cancha cajas de alimentos se almacenan por doquier.


 
Se entregaban todo tipo de alimentos para contribuir a la alimentación de los voluntarios. La fruta, claro está, era lo más perecedero e intentábamos conservarla como podíamos. En el caso de las naranjas, las limpiábamos el polvo de moho que pudieran tener, las exprimíamos y las guardábamos en botellas de cristal que precintábamos de arriba abajo para que la luz no oxidase el zumo.

En fin… que lo de aportar los excedentes de alimentos para los voluntarios estaba muy bien y fue un gesto admirable y altruista, pero tengo que decir que  había de todo, ¡que yo vi caducar una coca-cola!.

 


Como buenamente pudimos nos configuramos nuestros dormitorios: Un colchoncito por aquí, cuatro mantas por allá (que pesaban como losas y que te impedían todo tipo de movimiento durante el supuesto sueño reparador nocturno), una o dos cajas de cartón a modo de mesilla, las mochilas ordenadas y colocadas para no entorpecer el paso de tanto transeúnte, etc…

Mención aparte merecen los baños. Arggggg los baños…. Noto que me voy haciendo mayor porque en estos temas cada vez soy más escrupulosa. ¡Yo que me he criado en campings!. Se me ha olvidado decir que por supuesto el polideportivo no estaba calefactado, y mucho menos los baños… si a eso le sumamos que, por no sé qué motivo, las duchas del personal del Ejército (que tenían su campamento en otro lado) no funcionaban y se subían antes al polideportivo a ducharse, y que al tener éstos acumuladores de agua… pues cuando llegábamos los abnegados voluntarios a ducharnos, nos esperaba en esos fríos y húmedos baños una "reconfortante" ducha fría, fría, fría…. ¿quién fue el que dijo que iba allí para fortalecer el espíritu?, ¡y el cuerpo también!.
 
 
 Ni que decir tiene que las toallas no se secaban, y que la ducha fría iba acompañada de un secado con una "confortable y esponjosa" toalla húmeda.

Pero aquí,… aquí entran en juego los paisanos del lugar. Esas maravillosas señoras del pueblo de Fisterra, que al enterarse que los voluntarios nos duchábamos con agua fría, pusieron el grito en el cielo y nos obligaron a irnos a sus casas para ducharnos con agua caliente y lavarnos la ropa. ¡Y dilas tú a esas señoras que no!. La gratitud que esas personas sentían por nosotros no se me olvidará nunca y hacían todo lo que estuviera en su mano por hacernos más grata la estancia.

Cada mañana nos vestíamos con la ropa de faena. Esto es, tu ropa, y encima el uniforme de Capitán Pescanova. Desayunábamos y directos al camión del Ejército que nos trasportaba hasta la playa… en ocasiones también subíamos y bajábamos de la playa en la ambulancia habilitada para asistir emergencias, por lo que os podéis imaginar la higiene que podía haber en dicho vehículo… el chapapote se teletrasportaba como por arte de magia a todas partes.




Llegábamos a la playa y empezaba la parte más divertida, vestirnos de verdad de chapapoteros. Nuestros queridos chicos del Ejército, nos esperaban en la tienda de campaña dispuestos a ayudarnos en tal faena, porque ayuda necesitábamos un rato, en realidad ayuda para todo… hasta para sonarnos los mocos. Lo digo en serio. Mientras limpiábamos las playas ellos se paseaban continuamente charlando con nosotros para informarnos sobre el horario de mareas, ver si necesitábamos algún otro capazo donde echar el chapapote, o como digo para sonarnos los mocos, que en pleno mes de Enero y con el frío viento del Atlántico y con todas las manos llenas de esa mugre negra, lo que menos puedes hacer es sonarte por ti misma.



Retomando la cuestión del vestuario… para una total transformación, sobre el traje de Capitán Pescanova, nos poníamos el mono de papel desechable, a continuación las botas de agua por fuera y precintadas con cinta aislante para que ninguna micra de chapapote osase llegar hasta nuestros cuerpos. A continuación nos poníamos los guantes de goma, y de manera idéntica a las botas, nos los precintaban a la altura del antebrazo. Gafas y mascarillas completaban el atuendo.



Et voilà… de esta guisa salíamos a chapapotear. 

La fauna chapapotera era de lo más variopinta. En una semana pude ver de todo. Desde aquel que se tomaba esta experiencia como algo para fortalecer el espíritu y que no pudo aguantar la primera noche de juerga de los adolescentes de colegio que también iban como voluntarios (aunque éstos se lo tomaban como algo parecido a un viaje de fin de curso, llegando a las tres de la mañana y montando todo tipo de jaleos), hasta aquellos que habían estado desde el principio (los veteranos), y voluntarios llegados no solo desde todas partes de España, sino desde todas las partes del mundo, ya que al ser Fisterra auténtico final del Camino de Santiago, muchos peregrinos al terminar el camino se unían a las labores de limpieza, de modo que podías encontrarte con franceses, americanos,  australianas, suizos y hasta un japonés. Todos unidos por un denominador común, ayudar a la madre tierra a reponerse de tal impacto.

La limpieza del chapapote era todo un arte. Según llegara ese día el chapapote a la playa se utilizaba un útil u otro, porque no era lo mismo limpiar galletas que chapapote en losa (términos que aprendí a manejar en aquellos días). Pero lo que me quedó muy claro es que una de las maneras más efectivas de limpiar chapapote era “chapapote pega chapapote”.

 


Otra de las cosas que no olvidaré, y juro que lloré por ello, fue el ver las rocas totalmente impregnadas de una capa de algo más de unos dos o tres dedos de fuel… era como sentarse sobre mantequilla negra. Te sentabas y te ibas resbalando, las manos se te hundían… recuerdo que llegué a pensar que en la vida se podría limpiar todo aquello. Tan ensimismada me quedé un día en las rocas pensando esto que la marea subió y tuvieron que venir los chicos del Ejército a por mi.

 
Por eso al revolver entre las fotos antiguas y revivir esta experiencia he vuelto a recordar que vivimos en un planeta frágil, al que tenemos que cuidar con todas nuestras fuerzas. Que cada gesto a su favor suma. Que debemos tomar conciencia de ello y transmitírselo a nuestros hijos. Que un hombre sano, solo puede vivir en un planeta sano. Y que es obligación de todos preservar nuestro medio ambiente y hacerlo perdurar, intentando evitar por todos los medios dañarlo… y en el caso de que sea dañado, deberemos paliar ese daño como podamos, porque todos...¡todos!, estamos en deuda con la naturaleza.

lunes, 13 de enero de 2014


13.01.2014

NATURALIS

Hay un libro abierto siempre para todos los ojos: la Naturaleza
Rousseau