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lunes, 26 de mayo de 2014


 
EN BÚSQUEDA DE LA BELLEZA  
 
 
Una de las cosas que más me apasiona de la fotografía es ir en busca de la belleza. ¡Ojo! Entiéndase por belleza todo aquello que es capaz de emocionarnos, conmovernos y transmitirnos algún sentimiento placentero… quiero decir con esto, que al menos para mí, hay belleza (¡y mucha!) más allá de la puramente estética.

Me gustan los retos, y me gusta buscar y encontrar belleza en lugares, momentos y elementos en los que a priori parece que no están dotados de ella. Me gusta adaptar y forzar la vista y el corazón para ser capaz de percibir de otra manera.

Vivo al lado de un campo… bueno, llamarlo campo es ser demasiado amable. Se trata de un secarral, un terreno que antiguamente, tal vez fuera campo agrícola, pero que ahora es el típico terreno baldío que en cuanto hace un poco de calor amarillea por completo, se seca  y en lo único en lo que puedes pensar es que estás en una estepa de lo más árida y desagradable.  Pues bien, aparentemente es un sitio de lo más insulso y sin gracia, hasta yo diría que feo, lleno de cardos y de espigas.

Sin embargo es increíble como el apreciar ese mismo lugar con otra luz hace que se transforme en un paisaje más bello y más vivo.

Llega el atardecer con su hora dorada y el campo se tiñe de un amarillo intenso que hace que nuestra vista se excite. Las espigas brillan y dejan traspasar la luz del sol. Todo se ilumina de manera majestuosa y parece mentira que se trate del mismo campo. Las plantas en otra hora de color amarillo pajizo, se vuelven doradas y hasta más verdosas, y contagian ese brillo a las de al lado mientras interpretan una caprichosa danza al son del aire que sopla.

Es increíble, pero sí… estoy ante un paisaje bello. He encontrado belleza en un lugar horas antes detestado. Solo he tenido que esperar un poco y dejar que se mostrara ante mí desde una perspectiva diferente 

Le he dado una segunda oportunidad… quizás por eso es bueno no dejarse llevar siempre por la primera impresión, sea buena o mala. Para todo, hay que esperar y dar una segunda o tercera oportunidad, la belleza tarde o temprano aflorará.
 
 
 

lunes, 12 de mayo de 2014


12.05.2014

NOVIA DEL CAMPO, AMAPOLA
 
Novia del campo, amapola
que estás abierta en el trigo;
amapolita, amapola
¿te quieres casar conmigo?

Te daré toda mi alma,
tendrás agua y tendrás pan.
Te daré toda mi alma,
toda mi alma de galán.

Tendrás una casa pobre,
yo te querré como un niño,
tendrás una casa pobre
llena de sol y cariño.

Yo te labraré tu campo,
tú irás por agua a la fuente,
yo te regaré tu campo
con el sudor de mi frente.

Amapola del camino,
roja como un corazón,
yo te haré cantar, y al son
de la rueda del molino.

Yo te haré cantar, y al son
de la rueda dolorida,
te abriré mi corazón,
amapola de mi vida.

Novia del campo, amapola,
que estás abierta en el trigo:
amapolita, amapola,
¿te quieres casar conmigo?

 
Juan Ramón Jiménez

miércoles, 7 de mayo de 2014


07.05.2014

MANUAL DE SUPERVIVIENCIA EN EL BOSQUE: EL OMBLIGO DE VENUS

 
¡Hola a todos!
Es mi intención, iniciar con esta entrada, una serie de post cuyo objeto sea el dar a conocer algunas de las plantas más abundantes que nos rodean, y que debido a sus propiedades medicinales, bien nos pueden ayudar en más de una ocasión.
Voy a hablaros hoy del Ombligo de Venus, o de esa planta que, en  alguna que otra vez me ha salvado las ampollas producidas por las botas de montaña.


El Ombligo de Venus (Umbilicus rupestris), es una planta herbácea, de la familia de las crasuláceas.  Se caracteriza, y de ahí le viene su nombre popular, por una especie de hendidura en la hoja a modo de ombligo.
Vive siempre en zonas húmedas y sombreadas. Por ello, no será difícil encontrarla al amparo de rocas, o en grietas, en las cortezas de los árboles, en los muros, tejados, o incluso en los pavimentos empedrados.
¿Y qué tiene de interesante esta planta?. Pues bien, aunque medicinalmente no es una de las plantas más reconocidas, sí es verdad que tiene propiedades que nos pueden ser de ayuda en un momento determinado. Para mí sin lugar a duda, su mayor virtud es su propiedad cicatrizante.
No es infrecuente cuando caminamos por el monte, el sufrir ampollas en los pies (bien porque estrenamos calzado o éste no es el adecuado, porque el calcetín nos roza más de lo normal, porque no estamos habituados a andar demasiado, etc…). En estos casos, en los que las ampollas amenazan con fastidiarnos nuestro paseo bucólico por el monte, podemos hacer tres cosas: Una, cortarnos el pie; dos, aguantarnos el dolor como sea; y tres, intentar buscar un ombligo de venus que nos cure la ampolla (o en su defecto la herida que se nos haya producido). Descartada la opción una y la dos, porque en ambos casos no tenemos vocación de mártires, quizás si prestamos atención a nuestro alrededor demos con estas plantas.

Animados por nuestro espíritu aventurero, decidimos ir en busca y captura de la planta en cuestión y… ¡bing0!, la encontramos en la grieta de una roca, ¡genial!, pero y ¿ahora qué hacemos?.
Pues muy sencillo… lo que tenemos que hacer es arrancar una o dos plantas, y pelarles el envés. ¡Eh!, ¿cómo?....
Si arrancamos la planta, y le damos la vuelta, veremos que su cara inferior (el envés) es de un color más blanquecino, debido a una especie de telilla que la recubre. Lo primero de todo es cortar el tallo y empezar a despegar (pelar) con cuidado esa película finita. Es importante hacerlo con cuidado ya que es muy fácil romper la hoja.
Una vez que hemos terminado de retirar la película blanquecina, lo que hacemos es aplicarnos directamente el envés de la hoja sobre la herida y si podemos, tapar con una gasa, un pañuelo o una venda.
Os puedo asegurar por experiencia propia, que las propiedades cicatrizantes de esta planta son increíbles, sobre todo en heridas rebeldes y difíciles de curar, por lo que también es útil recoger un puñado de hojas, limpiarlas, machacarlas en un mortero y aplicar el emplasto formado, directamente en la herida (cubriendo como en el caso anterior, con un trapo o una gasa y sujetándolo con una venda para que no se caiga). Esta operación se puede hacer dos veces al día, por la mañana y por la noche.
Dicen (aunque esto no le probado yo), que es una planta muy buena para combatir la retención de líquidos. Para ello se tiene que hacer una especie de jarabe a base de 100 gr de hojas y raíces frescas, 1 litro de vino blanco y 100 gr de azúcar. Se deja macerar una semana, se filtra y se guarda en una botella limpia y se administra a razón de tres copitas de 50 cl al día, antes del desayuno, la comida y la cena.
Si alguien se anima a probarlo, que después me cuente que tal le va.
Con esto, concluimos este post sobre culturilla botánica medicinal. Y recordad que la naturaleza pone a nuestra disposición lo mejores remedios posibles.
 

 
 

viernes, 25 de abril de 2014


25.04.2014

ENTRE CANTUESOS

Llega la primavera, y con ella la floración de la primera especie de lavanda... el cantueso (Lavandula stoechas ssp. pedunculata). Es agradable empezar a percibir el olor un tanto alcanforado de sus flores y ver como las laderas de muchos montes empiezan a teñirse de morado rosáceo.
No voy a ponerme ahora a hacer una disertación botánica sobre esta especie, ya que quizás correría el riesgo de aburriros y lo mismo decidís no volver a leerme jejeje... pero sí os voy a contar unas cuantas curiosidades sobre este género y especie.
EL género Lavanda, le debe su nombre al término latino “lavare” (lavar, purificar), ya que este tipo de plantas fueron muy utilizadas para perfumar baños y lociones.
En el lenguaje de las flores la lavanda significa “desconfianza”.
Este tipo de lavanda no es utilizada para la obtención de aceite esencial con el cual perfumar jabones, cosméticos, etc… (como es el caso más habitual de la Lavandula angustifolia), no obstante eso no quiere decir que no se le haya dado diversos usos.
Por ejemplo, en Marruecos se añade unas hojas de esta especie en el té para perfumarlo. En la antigua Grecia se utilizaba como contaveneno. Y entre otros usos, su esencia sirve como antiséptico a la hora de limpiar heridas y llagas. En infusión se usa en baños y lociones para tratar afecciones cutáneas leves y traumatismos. Se trata de un planta de gran producción de néctar por lo que se encuentra incluida entre la flora apícola. Y de manera ornamental, siempre podemos recoger unos cuantos tallos para confeccionar un bonito ramo con el que adornar una mesa.

En cualquier caso, un paseo por un monte cubierto de cantuesos, siempre será una agradable experiencia para nuestros sentidos, que nos permitirá tocar, observar, oler e impregnarnos de uno de los aromas más característicos de la primavera.

lunes, 7 de abril de 2014


07.04.2014

DESCUBRIENDO EL JARDÍN BOTÁNICO DE MADRID… LA ESTUFA DE LAS PALMAS

No recuerdo con exactitud cuándo fue la primera vez que entré en el invernadero de la Estufa de las Palmas… sé que era pequeña. No sé si iba con mis padres, o fue en una visita escolar. La cuestión es que son de esas imágines que se quedan grabadas de por vida. Si ahora cierro los ojos la puedo ver con exactitud… plantas, muchas plantas, un estanque, nenúfares, peces de colores… desde aquel momento cada vez que necesitaba algo de sosiego evocaba esa imagen una y otra vez. Todavía lo sigo haciendo, pese a que muchas otras imágenes del mismo lugar se han superpuesto en mi retina.

El Jardín Botánico es uno de mis lugares favoritos no ya de Madrid, sino de este planeta. Llevo visitándolo infinidad de años ya… recuerdo perfectamente como siendo adolescente me iba con un libro de rosas, o de plantas aromáticas y me sentaba allí durante las tardes de muchos viernes aprendiendo de manera autodidacta todo lo que podía.

Más tarde mientras realizaba la carrera fue visita obligada de manera continua para poder ver in situ todas aquellas especies botánicas que teníamos que aprender.

Hoy en día, voy por el simple hecho de pasear, fotografiar, relajarme y dejarme llevar por unas horas, leyendo, no obstante, todo los cartelitos con los nombres de las plantas, para evitar de esta manera oxidar mi memoria botánica.

Pero tengo una rutina. Siempre, siempre, siempre el primer lugar al que me dirijo es al antiguo invernadero.  Fue construido en el siglo XIX para dar exhibir y dar cobijo a plantas tropicales incapaces de resistir en el exterior los rigores del clima madrileño.

¿Pasamos a verlo?

Entrar en él, no es solo como un viaje a climas tropicales de frondosa flora, sino incluso como un viaje en el tiempo, hacia épocas remotas donde la tierra estaba cubierta de exuberante vegetación.
Por todas partes donde posamos nuestra vista vemos plantas tropicales, acuáticas, helechos, musgos,... que necesitan de un nivel de humedad constante, y por supuesto del calor del sol.
Un lugar donde poder relajar la vista observando toda la gama de verdes posibles.
Un lugar que sirve de refugio, de evasión, de paréntesis en la ajetreada vida diaria… un lugar que nos reconecta con nosotros mismos.
Un lugar en el que dejarse abandonar al ritmo del tiempo constituye todo un placer
La visita ha finalizado. Y quién sabe… si os animáis a visitarlo tal vez me podáis encontrar allí, sentada junto al estanque, leyendo, escribiendo, mirando los peces de colores, o simplemente dejando volar mi mente entre toda esa vegetación que llena este magnífico espacio.

martes, 25 de marzo de 2014


26.03.2014

LA PRIMAVERA BESABA
 

 
 La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.
Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil…
Yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril.
Bajo ese almendro florido
todo cargado de flor
-recordé-, yo he maldecido
mi juventud sin amor.
Hoy, en mitad de la vida,
me he parado a meditar…
¡Juventud nunca vivida,
quién te volviera a soñar!
 
Antonio Machado

lunes, 3 de marzo de 2014


03.03.2014

¡VAMOS A HACER UNA CORONA FLORAL!
 

Quién me conozca mínimamente sabrá que soy una enamorada de las flores, y ahora que estamos disfrutando de las nuevas floraciones, y la primavera se va oliendo en el ambiente, quería dedicar esta entrada a la realización de una sencilla corona de flores compuesta por ramas de olivo y de mimosa en flor.
El material que vamos a necesitar es muy sencillo:
- Alambre de florista.
- Alambre de florista verde.
- Cinta verde de florista.
- Tijeras de podar.
- 2 o 3 ramas de olivo.
- 2 o 3 ramas de mimosa.
Las ramas de olivo y mimosa las podemos cortar de algún árbol que tengamos cerca de casa, aunque sin esquilmarlo ¡por favor!. O si no tenemos estos árboles cerca de casa, siempre podemos ir a un vivero y comprar unas ramitas, que en esta temporada las suelen tener para confeccionar ramos de todo tipo.


Lo primero de todo es cortar alambre de florista en longitud suficiente para rodearnos la cabeza tres veces.
Una vez que hemos cortado esta longitud, formamos un círculo de alambre, de modo que demos tres vueltas, para que la corona tenga cierta consistencia. A continuación tomamos la cinta verde de florista y forramos el alambre.

Yo le suelo dar varias vueltas, para que engrose un poco y dotarlo así de mayor robustez. Y el resultado sería más o menos así.

Ahora ya nos toca ir colocando las ramas y las flores poco a poco. Yo particularmente lo hice de la siguiente manera: Fui formando ramilletes de rama de olivo, hoja de mimosa y flor de mimosa
 

Además, como soy muy torpe y para evitar que al ir colocando las ramitas se me fueran cayendo o descolocando, lo que hice fue amarrar cada ramillete por su base con cinta verde de florista, como os muestro en la siguiente fotografía.
De esta manera ya puedo pasar al siguiente paso, sin miedo a perder por el camino cualquier ramita.
Lo que hago a continuación es ir fijando cada ramillete a la corona mediante el alambre verde de florista (estos alambres, los venden en bolsitas, ya cortados).
Así que la secuencia es sencilla… ramillete-alambre, ramillete-alambre, ramillete-alambre.

Una vez que ya hemos cubierto toda la circunferencia de la corona, solo nos queda ver si en algún lado se nos ha quedado más vacío, en cuyo caso lo podremos rellenar con más ramilletes o simplemente con las ramitas que nos vayan quedando sueltas.
Una vez rellena por completa la corona, yo personalmente lo que hago es tapar con cinta verde de florista, aquellas vueltas de alambre que queden más visibles, o por supuesto aquellas que coincidan con los comienzos o terminaciones del alambre para evitar pincharnos con la punta.
 
¡Y ya está!, así de fácil y sencillo nos podemos hacer una silvestre corona floral… que podemos utilizar para una fiesta, una ceremonia, para un disfraz o simplemente para sentirnos más “naturalis”.
¡Espero que os haya gustado!